Movimiento estratégico de Spotify ¿fin modelo freemium?

Durante estos últimos días los usuarios de Spotify hemos recibido la noticia de cambios importantes en las cuentas Free y Open, los cambios son transcendentales en la estrategia -bajo mi punto de vista- a seguir en el futuro tanto Spotify como de otros servicios de contenico multimedia en Internet.

Primero conocer cuales son los dos cambios principales que ocurren tras 6 meses de activación de la cuenta:

  • El tiempo total de escucha estará limitado a 10 horas mensuales
  • Se podrá escuchar una canción hasta 5 veces, no indican si 5 veces al día, a la semana, al mes (que me parece la lógica), al año en toda la vida (creo que es esta, desgraciadamente)

En que afectan estos cambios, según ellos en muy poco debido a que los usuarios utilizamos Spotify para descubrir música, y principalmente escuchamos nuevas canciones constantemente sin apenas repetir. Ésto, en parte es cierto, tener acceso a un catálogo de más de 8 millones de pistas sonoras (canciones, chistes, audiolibros, …), posibilita descubrir música como nunca se había hecho antes. Sin embargo, la limitación de 10 horas mensuales y especialmente no repetir una pista más de 5 veces afecta en gran medida a los que hemos podido disfrutar de este maravilloso servicio hasta ahora, primero el no repetir una canción tantas veces como se quiera limita en cierta medida, pero tener sólo 10 horas al mes es un factor muy relevante especialmente para aquellos que lo utilizan como audio de fondo cuando realizan una actividad principal (trabajar, cocinar, hacer deporte, …) porque 10 horas se consumen en apenas unos días.

Según cuentan las malas lenguas, o no tan malas, este cambio estratégico se debe a la presión del lobby de la industria musical, y al deseo de Spotify de hacer el sueño americano, y entrar en E.E.U.U. y sus millones de potenciales usuarios, o más bien clientes.

En cambio, lo que ocurre es un cambio transcedental del modelo de negocio, donde ya no hay usuarios, si no que hay clientes, y sobretodo dónde están limitando el tiempo de millones de usuarios en su plataforma con toda la información que eso genera. Los usuarios en la mayoría de las veces son agradecidos, los clientes en la mayoría de las veces son exigentes. Igualmente, la oportunidad que tienen de conocer la información de consumo de música de millones de usuarios se puede esfumar, y pasar a tener la información de un porcentaje pequeño de esa parte. Sin olvidar el factor social, que tanto fomentaban, crece en función del número de personas conectadas a esa red de Spotify, y si ese número baja, la importancia del factor social dentro de Spotify también, y esta relevancia crece y decrece exponencialmente con el número de usuarios.

Por mi parte, creo que reducir el número de horas de escucha a millones de usuarios no es la solución, cuando lo que se deberían centrar es en que los usuarios estén en la plataforma el máximo de tiempo posible y rentabilizar la información de su consumo, las soluciones reales pasarían por:

  • Principalmente aumentar el número de anunciantes, que junto a targetear/clasificar mejor a tus usuarios, proporcionaria mayores ingresos por anuncios
  • Vender la información de lo que escuchamos a las discográficas y productoras, para que conozcan mejor a sus potenciales clientes (Ej: dónde hay más oyentes de tal artista o tal otro, para hacer conciertos). Facebook, al fin y al cabo es de lo que vive.
  • Enfocar bien los gastos entre otros en publicidad, patrocinar las Jornadas Mundiales de la Juventud no ofrecen un ROI real, y es posible que se deba a otros factores más que a la propia publicidad en sí.
  • Hacerse valer ante las discográficas y venderse como la opción viable que realmente son frente a la temida piratería. Sobretodo, cuando en Europa son la segunda mayor fuente de ingresos para los sellos discográficos para que no les presionen tanto.
  • Generar negocios relacionados: las webs con listas de reproducción de spotify; conciertos organizados por la propia Spotify, si quieren tienen más conocimiento sobre los usuarios que cualquier discográfica, y además una buena percepción de marca;
  • Buscar usuarios activos que puedan generar otras fuentes de ingresos
  • Hay opciones clásicas como el merchandising, que no por viejas se deben dejar de valorar

Y bueno, hay un montón de soluciones, que bajo mi punto de vista, son mejores que limitar a tus usuarios el tiempo en tu plataforma, pero supongo que ellos habrán echado sus cuentas, y quizá lo que no quieren son usuarios free/open, sino sólo clientes de pago. Además si quieren más soluciones que nos las pidan que me han ofrecido un gran servicio este tiempo y soy un usuario agradecido.

De igual manera, el riesgo de perder millones de usuarios hacia otros servicios (GrooveShark, Last.fm, youtube, Jamendo,  e incluso la radio tradicional) debería ser un factor a tener en cuenta, porque recuperar usuarios es muy complicado, sobretodo si han descubierto un servicio que cubra sus necesidades.

En definitiva, parafraseando el slogan de The financial Times respecto a los modelos de negocio en Internet “We are living in Changing Times”, y al parecer el modelo de negocio freemium, basado en cuentas free/gratis y cuentas premium de pago con ciertos beneficios, no sea el modelo definitivo que tanto industria como clientes estamos buscando, pero por lo menos nos vamos acercando.

En definitiva ¿Qué modelos de negocio pensáis que vendrán? ¿Os pasaréis a cuentas Premium o Unlimited?¿Si lo hacéis por qué? O en cambio ¿Os iréis a otras alternativas?

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About DaniSanti

Joven, alegre, melómano, entusiasta e idealista, apasionado de las Tecnologías, especialmente las TIC, y como se puede utilizar para mejorar la sociedad.
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7 Responses to Movimiento estratégico de Spotify ¿fin modelo freemium?

  1. Pr0N says:

    Ahora que tengo un poco más de tiempo, me gustaría añadir unos cálculos a mis dos comentarios anteriores.

    @Luis, hablas de las 3334 canciones que la FAQ de Spotify ya considera demasiadas, y en el mismo párrafo metes al emule y a una capacidad de almacenamiento de 50 TB (que no TiB).

    Sea que una canción, codificada en formato MP3 a 320 Kbps en VBR, ocupe un promedio de 6 MB (que no MiB), tirando por lo alto, lo que equivale a 6.000 KB (que no KiB), ó 6.000.000 Bytes.

    Sean 3334 canciones definidas según el promedio anterior.

    El resultado es 6 MB x 3334 = 20.004 MB ~ 20 GB (que no GiB).

    Un iPod classic tiene una capacidad de hasta 160 GB, que en los parámetros definidos da para más de 26.000 canciones. Y no creo que los de Apple sean tan ignorantes como para facilitar un dispositivo con una capacidad 8 veces superior a lo que desde Spotify se considera “demasiado”.

    Por cierto, solo en bandas sonoras que me gustan *y que he pagado por ellas* ya tengo más de 20 GB en información digital codificada en formato MP3 a 320 Kbps VBR. Y las que más me gustan además las tengo adquiridas en formato de compresión sin pérdidas.

    Por supuesto, Spotify utiliza Vorbis en lugar de MP3, y quizás quieras utilizar eso como excusa… pero tampoco sirve.

    Sacar a relucir el uso de Vorbis por parte de Spotify además de no contradecir nada en cuanto a la cantidad de canciones –todo lo más podría variar el requerimiento de almacenamiento, jamás llegando a los 50 TB–, pone de manifiesto otra crítica al propio servicio.

    En este caso resulta que se ofrece un servicio premium que promete alta calidad, dando codificaciones a 320 Kbps, y hasta donde he podido confirmar, a dos canales. Como ya decía en otro comentario anterior, ¿eso es alta calidad?

    Alta calidad, en Vorbis, sería codificar a 500 Kbps (q10), y con tantos canales como la obra original incluya. Te recuerdo que hay cada vez más grupos que publican sus obras en formatos 5.1 y 7.1. Y aunque haya a quien le baste con escuchar su música en estéreo, un servicio premium debería ofrecer a aquellos que lo deseamos la mayor de las calidades disponibles.

    Llegados a este punto quiero incidir en una cosa. A mí personalmente no me perjudica en nada que el catálogo gratuito de Spotify se reduzca. Básicamente porque no soy usuario de su servicio, ya que desde un principio nunca me ha convencido.

    Sin embargo creo que una vez más perdemos el norte de cuál es la realidad del mercado mal llamado cultural. Nos molesta que nos llamen ladrones y criticamos un modelo obsoleto que sabemos infla los precios para mantener a una clase bien posicionada que nunca debería haber llegado ahí. Y sin embargo parecemos borreguitos defendiendo un modelo por nuevo, cuando nos sigue imponiendo restricciones “innaturales” al propio proceso de la creación “artística”.

    Ya lo comentaba en el primer comentario, y lo vuelvo a repetir. Debemos dar el paso de diferenciar la abstracción conceptual original de una obra, y su instanciación. No es lo mismo una canción en concepto abstracto, que su interpretación, ni por supuesto, su registro en cualquier formato físico o lógico.

    Me parece muy bien que Spotify se defina como un servicio de acceso a instancias de canciones, y cobre por el servicio que presta. Pero ese no es el camino a seguir, ya que sigue creando, como decía, restricciones que no son naturales al propio contenido.

    Al fin y al cabo, ¿qué es lo que buscamos? ¿Pagar por el contenido, o por el acceso al mismo? Imaginemos lo primero como algo que podemos llevarnos donde queramos, hacer con ello lo que queramos, y disfrutarlo como queramos tantas veces como queramos. Y lo segundo es tan solo como mirar a través de una ventana y pagar para que alguien abra la cortina y coloque detrás aquello que queremos ver cuando lo queremos ver… siempre que esté dispuesto a hacerlo.

    ¿Queremos el primer o el segundo modelo?

    Yo por descontado quiero el primero. Quiero poder pagar un precio *justo* por una instancia de una obra, y hacer con ella lo que quiera, cuantas veces quiera, y como quiera hacerlo. No quiero depender de que quien tiene que abrir la cortina de la ventana decida que de repente ya no quiere hacerlo, o peor, decida que lo que le pido que me muestre ya no puede/quiere mostrarlo.

    Spotify es esto último: una ventana a un catálogo que nos ofrece, cual jaula dorada, aquello que le pidamos siempre y cuando esté en su catálogo, y esté en predisposición de servirlo en función de los acuerdos temporales que firme con los titulares de los derechos –por lo general no los autores, ya que estos los acaban cediendo a las productoras/distribuidoras–, y de sus intereses del momento.

    Por ahora caen los usuarios del servicio gratuito. Eso da juego a la industria: solo protestan los del todo gratis. ¡La misma mentira repetida una y otra vez!

    En un tiempo aparecerán nuevos servicios, siguiendo una evolución lógica más basada en la competencia que en el derecho de los clientes/usuarios. Y puede que entonces algunos sellos decidan pasarse a alguno de estos nuevos servicios, eliminando su oferta en Spotify. Y aquellos clientes/usuarios que pagaron por acceder a sus canciones, de repente las perderán, porque Spotify ya no estará en disposición de ofrecérsela.

    Entonces serán estos clientes, los que pagan por accesos básicos e incluso premium, los que protestarán, aunque algunos seguirán fieles a un modelo que no fue más que otra moda temporal de internet.

    Por supuesto, mientras los que protestamos seguiremos siendo “demasiado exigentes”.

  2. Pr0N says:

    Por cierto, algunas cuestiones extras:

    1.- En los portales de pornografía en internet, además de servicios de streaming, y de la posibilidad de descargar los contenidos al dispositivo local *sin restricciones*, existen como dije formatos de alta calidad sin cuentas premium. Los grandes productores y distribuidores ofrecen descargas en 720p y 1080p sin restricciones desde hace tiempo, algunos incluso antes de que llegase ese formato a la distribución de cine convencional.

    En el ámbito musical una compresión MP3 a 320 Kbps no se considera equivalente ni siquiera a la calidad visual de 720p. Digamos que un MP3 a 320 Kbps VBR sería incluso inferior al llamado formato DVD –inferior al 720p–, contando con tan solo dos canales frente a los 5+1 –o 7+1– que ya se pueden escuchar en algunas pistas musicales –se me ocurre el Aero de Jean Michel Jarre por sen seguidor suyo, pero seguro que buscas y encuentras muchos más–.

    Así pues, una cuenta premium debería ofrecer al menos la descarga en calidad de compresión *sin pérdidas*, cosa que Spotify no ofrece.

    En otras palabras: como radio personalizable mejorada con capacidades de entorno social Spotify cumple su cometido. Como canal de distribución de música de alta calidad para melómanos no.

    ¿Algo que decir al respecto?

    2.- Cuando adquirimos un producto, como lo es la interpretación de una obra musical –lo que podríamos llamar instancia de la creación intelectual–, deberíamos tener pleno derecho sobre él en lo que respecta al menos al ámbito privado. Así pues, si adquiero una instancia de una canción –esto es, el archivo digital que contiene la codificación de una versión intepretada de la misma, o el soporte físico en el que se almacena–, debo tener plenos derechos privados sobre dicha instancia.

    El problema de un modelo como Spotify es que al limitar las descargas –o lo que es lo mismo, limitar los derechos privados sobre la instancia– se puede dar el caso de que en un futuro desaparezca el acceso a dicha instancia. Sea por ejemplo que el propietario de los derechos de distribución de la obra original decide eliminar la distribución de la instancia por cualquier motivo: preparación ante una re-edición, retirada de catálogo por falta de consultas, etc. ¡Habríamos perdido la oportunidad de poder acceder de nuevo a la instancia si no nos la hemos descargado antes!

    Por supuesto esto se solucionaría con un catálogo que solo pudiera alterarse aumentando su oferta, pero nunca reduciéndola. Algo que hoy por hoy no garantizan ni Spotify, ni itunes, ni ningún otro canal en internet.

    3.- En cuanto a mi comentario anterior de que hablamos en cinco años, es más que nada para darle tiempo a florecer a las futuras alternativas de Spotify. De hecho en tres años o menos seguro que ya empezamos a hablar de otros servicios. ¿Apostamos?

  3. Pr0N says:

    No tengo mucho tiempo para responder a Luis, pero sí me gustaría decirle una cosa, que quizás es la que se le está pasando por alto como a la mayoría de los defensores de modelos de negocio que en poco se diferencian de los tradicionales.

    Veamos, hoy escuchas una canción/audiolibro/lo que sea que te gusta, y lo estás escuchando un cierto tiempo. En unas semanas descubres algo nuevo para ti que lo sustituye, y dejas la primera canción fuera de tu lista de sincronización off-line.

    Un par de años más tarde, en el que te has dado de baja del servicio de Spotify –o sus condiciones de servicio han cambiado impidiendo lo siguiente–, recuerdas aquella canción que te gustó tiempo atrás, y quieres volverla a escuchar. Pero aunque has pagado por ella *SOBRADAMENTE*, ya no puedes acceder, ni te la puedes descargar, ni nada.

    ¡Ese es el problema y no otro!

    Al poner un límite arbitrario, por elevado que sea, se estableciendo un límite. ¡Es evidente!

    Por supuesto que el modelo de Spotify ha supuesto un avance. Pero no es ni el paso más importante –no es el primero–, ni el definitivo –queda mucho camino–.

    Para algunos basta con la comodidad de introducir el nombre de un autor, un disco, o una canción y disponer de un streaming casi instantáneo. Y si mañana no pueden acceder a esa canción por cambios en las condiciones del servicio *pese a ya haber pagado por ella*, o no pueden reproducirla en otro dispositivo que no soporte el cliente propietario del canal de distribución, ¿les habrá compensado?

    Como ya expuse, existe otro modelo, de probado éxito, que funciona desde hace más de una década generando grandes beneficios para sus promotores. Está ahí para quien quiera conocerlo y exportarlo a otros contenidos, y demostrar que otra forma es posible.

    ¿Spotify? Otra moda, nada más. En cinco años hablamos.

  4. Luis says:

    Este tema es complicado. No me gustaría alargarme mucho.

    Me parece mal que Spotify haya capado la cuentas free? Claro que me parece mal, pero no olvidemos que si lo ha hecho es por:

    1 – Los anuncios no les proporcionaban los ingresos (ROI) necesarios.
    2 – Las discográficas les han presionado

    La gente se vuelve un poco apocalíptica con el final de Spotify ahora que mucha gente dejará el servicio (ya veremos). En breve habrán entrado en EEUU (aunque les está costando) y allí la gente paga por la música y están esperando como locos que llegue para pagar la cuenta premium y olvidarse de iTunes y del formato físico. Si este movimiento lo han hecho como acuerdo con las discográficas para entrar en EEUU, el número de usuarios premium que les va a generar les va a compensar con creces.

    Con el dinero podemos comprar dos cosas: bienes y/o servicios. Estamos muy acostumbrados a pagar por comprarnos ropa o por ir al cine. Por qué no por la música o por el software? Está claro, porque hay alternativas gratis (aunque ilegales). Creo que pagar una licencia de photoshop es totalmente exagerado, pero pagar 10 euros al mes por tener toda la música del mundo, me parece un precio más que ajustado.

    @ProN -> “Vaya mierda, sólo me deja descargarme 3333 canciones!” -> Pero para qué quieres más??? Escuchas tantos discos todos a la vez durante todo el tiempo? Yo escucho durante X tiempo Y grupos, y luego me canso y escucho otros diferentes. Y aún así, es siempre el dilema del almacenamiento… aunque tengas 50 teras de almacenamiento, si tienes el emule día y noche bajando al final se peta…

    He sido usuario de iTunes durante bastante tiempo. Soy un poco pijo en cuanto a la música. Es decir, me gusta tenerlo todo con mis carátulas, perfectamente tagueado, etc. Estoy un poco harto de ir a bajarme un disco, encontrarme 20 enlaces caídos (muy común al bajar música), y cuando me lo bajo y lo arrastro a iTunes vea el horrible “Track 01, track 02″… Tengo que buscar la carátula, el nombre de las canciones y ponerlas a mano. Todo este proceso me ha hecho perder como mínimo una hora. Mi tiempo para mí es lo más valioso. Pagando por Spotify Premium no sólo gano en música, sino en tiempo y en la experiencia que me ofrece.

    He probado todos los servicios, entre ellos el competidor más directo, grooveshark. Enserio, nada que ver… ni se acerca a spotify.

    Estar a 5 minutos de salir del trabajo, que vea que alguien me ha recomendado una canción con Spotify Social, buscar ese grupo de esa canción, crearme una lista de reproducción con el mismo (todo en menos de un minuto) y encender mi iPhone y escucharla enseguida para mí no tiene precio, y justifica muchísimo los 10 euros que pago.

    De todos modos, siempre depende del uso que le demos a Spotify. Si lo utilizamos para escuchar media hora diaria, pues lógicamente no te compensa… También el tema del catálogo… hay gente que se queja porque no tiene algunos grupos como Rammstein o los Beattles. Mala suerte… Los que escucho yo sí que están.

    Creo (espero) que mucha gente que va a dejar de usar spotify se arrepienta y se de cuenta de todo lo que le daba y cambien de opinión. Spotify me parece una revolución en cuanto a la música, y sería una pena que se acabase.

    That’s it!

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  6. Pr0N says:

    Reinventar la rueda se le da de miedo a los especuladores. ¿Qué modelo de negocio puede triunfar en internet? Sin lugar a dudas el que lleva más de una década arrojando beneficios, capaz de fidelizar a los usuarios más exigentes: el modelo de porno.

    Lo que no tiene sentido es ofrecer un servicio de streaming que por muy barato que sea limita las opciones de posesión real por parte del cliente/usuario. Sí, dicen que 3334 canciones son demasiadas –sacado de la FAQ de Spotify–, y que por tanto no permiten “sincronizar off-line” más de 3333 canciones. Y aunque siempre se pueden hacer trampas para superar esa barrera, lo que el cliente busca es no tener que recurrir a la picaresca para obtener lo que quiere. Al fin y al cabo si debe “burlar” las restricciones del servicio, ¿por qué pagar inicialmente por él?

    Ahora seamos serios, y pongamos las cifras sobre la mesa. Ya no cifras económicas, sino de piezas musicales. Sea que descubrimos un disco “nuevo” al día, entendiendo por nuevo como desconocido previamente por nosotros, y por disco un volumen de canciones equivalente a 12, más o menos, sean o no del mismo autor y del mismo álbum. La cifra no es descabellada en promedio si hacemos un uso diario del servicio y pretendemos escuchar algo más allá de nuestra propia “musicoteca”.

    El resultado es que al cabo de un año habremos descubierto más de las 3333 canciones que nos limita el sistema de Sporify para la sincronización off-line. O lo que es lo mismo: si nos damos de baja del servicio, habrá canciones que habremos perdido salvo que hayamos trampeado el sistema –modificando las listas de sincronización–, y que tendremos que volver a pagar por ellas otra vez.

    Todo esto sin contar con los podcasts y los audiolibros que también puedan interesarnos.

    ¿Cómo debe evolucionar por tanto la oferta? Lo primero que debe cambiar es el concepto de propiedad intelectual. La obra, una vez plasmada en una interpretación, no es propiedad intelectual de nadie. Sólo la composición, lírica y musical, lo son. Así, cuando un cliente/usuario paga por una interpretación de una obra, esa interpretación pasa a ser una parte de su propiedad. En el caso de un directo formará parte de su memoria. Y en el caso de un soporte físico/lógico, debería formar parte de sus pertenencias físicas/lógicas.

    Así, un servicio como Spotify debería cobrar por dos aspectos: adquisición de contenido *PERMANENTE* y servicio de streaming del mismo.

    De la adquisición de contenido debería conceder la descarga *SIN TRAMPEOS* de toda obra adquirida, en soporte lógico –esto es, el archivo–, todas las veces que el usuario desease, y sin restricciones a su copia, almacenamiento, y reproducción privada.

    En cuanto al streaming, es un servicio que tiene un coste por prestación, y que por tanto debe pagarse por igual.

    Insisto en el modelo del porno. Los grandes portales de internet, las grandes productoras de pornografía que siguen funcionando y generando beneficios tras más de diez años de existencia en internet son aquellas que permiten a sus clientes bajarse cuantas veces quieran el contenido por el que han pagado, que les permiten guardárselo en su ordenador, copiárselo, y reproducirlo tantas veces como quieran. Y además ofrecen servicios de streaming, y novedades *CADA DÍA*, y mejoras en la calidad del producto. ¡Si hay productoras que ofrecen versiones 1080p de sus vídeos mucho antes de que el cine convencional lo ofreciera en Blu-Ray!

    Spotify anuncia a bombo y platillo compresiones de 320 Kbps para su cuenta más cara. ¿Eso es calidad? ¿Para cuando compresión sin pérdidas, como por ejemplo FLAC?

    Se han aprovechado de un mercado que está muy verde todavía, en el que han enganchado a millones de usuarios con la promesa de calidad y servicio, cuando en realidad no han ofrecido mucho más que una jukebox en red con limitaciones.

    No se trata del “todogratis” como se empeñan en repetir los que se niegan a ver la necesidad de un cambio en el modelo de negocio. Se trata de cobrar un precio justo por un servicio justo. Y 5/10 euros al mes, por muy poca cantidad que sea, es un precio elevado para un servicio que sigue atando a los clientes/usuarios a su propio canal.

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